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Lunes 30 de Octubre de 2006 Productos revolucionarios Cómo la tecnología mejoró el bienestar de los no videntes Abrió posibilidades que antes les resultaban inconcebibles Jorge Tomaíno logró, en 2003, enviar su primer correo electrónico a sus hijos, que nunca antes habían leído algo escrito por él. Jorge Tomaíno es ciego. Que los avances tecnológicos revolucionaron la vida de muchos no es novedad alguna. Pero pocos conocen en qué medida los productos informáticos mejoraron el bienestar de las personas no videntes. "Nuestra calidad de vida cambió radicalmente. La tecnología nos da posibilidades que antes nos estaban totalmente vedadas", resume Jorge, que preside la Federación Argentina de Instituciones de Ciegos y Ambliopes (Faica). Lectores de pantalla, celulares que verbalizan sus funciones, impresoras de braille y programas que, mediante la utilización de un escáner, reproducen textos en forma de audio son algunos de los productos que ya existen en el mercado. Y algunos de ellos ya fueron instalados en bibliotecas públicas, universidades, fundaciones y hasta en cibercafés. En la Argentina, la consultora Tiflo- Tecnológica Battipede y Asociados se dedica, desde 1994, a la importación y venta de herramientas tecnológicas para discapacitados visuales. "Lo último que llegó al país es un software mobile speak , que hace que un teléfono verbalice todas sus funciones", explicó a LA NACION Rubén Battipede, titular de la consultora. "Lo interesante es que estos productos son compatibles con una plataforma estándar de equipos. Los programas se instalan en las computadoras y en los teléfonos que todos conocemos. Y eso permite capacitar a las personas no videntes para que puedan trabajar en cualquier lado", agregó. Estas herramientas brindan a las personas ciegas la posibilidad de hacer cosas que antes no podían o que daban mucho trabajo. Y quienes han tenido acceso a ellas aseguran que su autonomía, en ciertas materias, dio un giro de 180 grados. "Cuando yo era estudiante
me valía del apoyo de voluntarios que me leían en sus casas los textos o
bien de las grabaciones de algunas clases", recordó a LA NACION Carlos
Prada (58), que perdió la vista cuando tenía cinco años y es licenciado en
sociología y en psicología, recibido en la Universidad de Buenos Aires
(UBA). |
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